miércoles, 16 de febrero de 2011

Fosforito

Mientras estaba archivando en la oficina pensé en escribir un post sobre “Fosforito”. Pero para que puedas entender bien primero tendría que hacer una descripción del contexto…
Años universitarios, temprana década del noventa. Yo vivía en el departamento que había sido de mi abuela, no pagaba alquiler. Muy bien ubicado, zona cara de Buenos Aires, pero un poco añejo, con algunos caprichos cada tanto. Estaba desocupada y en plan ahorro planificado rígidamente. Fue durante el año en que me echaron del estudio en marzo y viví los doce meses siguientes con la indemnización de $ 3000 que cobré. Gastaba $ 15 por semana para comer, es decir, en mi compra semanal en el super. Mi papá no me daba un peso, yo no quería pedirle, esa es la verdad. Mi mamá había fallecido hacía poco y todavía me estaba acomodando, en realidad toda la familia estaba reacomodándose. Tenía mis ahorros, siempre ahorré medio sueldo, pero eran intocables.
Un buen día, cortocircuito en el departamento, me quedé sin luz. Detecté cuál era la luminaria pero no tenía conocimientos para meter mano y sacarla.
Le comenté a un compañero medio aparato (Fosforito) de la facu, me dijo que algo sabía de electricidad, y le dije si no se animaba a venir a casa a extraer el artefacto, aislarlo, y así yo podría continuar con mi vida. Eran ya dos días sin luz y no quería llamar a un electricista. El pobre vino, le traje una escalera y un destornillador, transpiró como una hora pero al final la luz volvió. El flasheó con mi invitación y, como me temía, días después me llamó para ir a tomar algo. Yo bajo ninguna circunstancia hubiera hecho eso y le dije que no, todo bien, muy agradecida, pero no me gustaba en absoluto…Me daba pena pero no daba. Las cosas se fueron enfriando y lo vi unas pocas veces más por los pasillos de la facu.
Mi vida era muy sórdida por aquella época. Lo bueno eran mis amigas.
Mucho estudio, buenas notas, poca plata, mucha disciplina, seguía enganchada con el cuarto que me daba bolilla pero como amigo. Cuando me dediqué a buscar trabajo pasé por miles de entrevistas, a lo largo y a lo ancho de la ciudad, cuando conseguí uno fue una porquería, pero me sirvió para no gastarme los ahorros.
Mientras trabajaba ahí se suicidó el hijo mayor del socio de mi papá, no era íntimo amigo mío pero sí gente muy cercana.
A los pocos meses conseguí un buen trabajo y luego vinieron cuatro años de bonanza económica.

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viernes, 11 de abril de 2008

De chica

De repente me acordé de una anécdota.
A mi marido lo conozco de chica, del colegio y porque algunos años fuimos juntos a clases de inglés particular. No me gustaba en ésa época ya que durante todos los años de primaria siempre me gustó otro, uno con el que me quería casar pero con el que nunca concretamos ni un lento…
Supongo que era vago como cualquier chico, pero yo lo veía siempre pulcro, bien vestido y nada quilombero.
Yo era todo lo contrario. Siempre tenía las rodillas raspadas de tanto trepar árboles (me subía a to-dos) o caerme de la bici, las manos sucias de jugar afuera con los perros, con la tierra, con los patines o en el colegio.
En las clases de inglés a veces teníamos que compartir libro y un día me tocó con él. En un momento la profe nos pidió que señaláramos algo en la página y me morí de vergüenza. El con su dedito impecable y yo con el mío todo sucio, roñoso y lastimado. Tragame tierra.

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viernes, 8 de febrero de 2008

Los sueños, sueños son?

Te voy a contar cuál es mi segundo sueño más recurrente (el primero por ahora me lo reservo porque es mi talón de Aquiles y me da mucha vergüenza darlo a conocer, aunque por lo que leíste hasta ahora estás en perfectas condiciones de deducir cuál es…). Es extraño porque hace unos diez años que me recibí, en fin.
Sueño que estoy cursando algunas materias, ninguna muy exigente, más bien facilongas. Se acerca la fecha del examen y yo no he estudiado un pomo, y no tengo ni media gana de hacerlo. Y me aflijo por eso, porque no estudié, porque no quiero hacerlo, porque a algunas directamente no asistí, y se acerca la fecha y tengo que tomar una decisión. Si me presento me va a ir mal seguro y si no me presento estoy perdiendo el tiempo y no me recibo más.
Eso es todo.
Y se repite, y se repite, y vuelvo a soñarlo miles de veces.
No sé qué corno significa pero me interesaría tener una idea como para saber qué es lo que está sin resolver. Si es algo relativo a la carrera en sí o si hay que buscar por otro lado.
Mientras estudiaba no tenía tanto rollo, si soñaba algo era lo típico: estar en el examen, tomar la hoja y leer, estar nerviosa y todo eso. Pero ahora… No sé, algo no cierra en mi mente y lo manifiesta así. Misterio.

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lunes, 21 de enero de 2008

Para comérsela

Mi hija tenía las manitos llenas de restos de banana y se las limpió en mi pantalón. Yo le dije que no se limpiara ahí, que con el trapo yo se las limpiaría. Ella vaciló un poco y me dijo: "Mi mamá es linda!!" y me abrazó las piernas.

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lunes, 10 de diciembre de 2007

Intento fallido

Mi cuñada vive a dos cuadras de mi casa. El sábado a la tarde nos contó algo que le sucedió, o mejor dicho presenció, por la madrugada.
Como habían llegado tarde de una fiesta todavía estaban todos despiertos. De repente se escucharon unos gritos de mujer desde la calle, parecía que se estaban peleando entre ellas o algo así. Mi cuñada atinó a abrir la persiana de una de las piezas, con las luces prendidas, y a gritar: “Qué pasa ahí?”. Segundos más tarde, cuando ya los gritos habían cesado, vieron pasar una chica corriendo sin llegar a reconocerla.
Al día siguiente vino la vecina a preguntarle qué había visto, porque la chica en cuestión era su hija, quien había sido víctima de un intento de violación. Suponen que saben quién fue porque esa noche uno de los pibes de una barrita la molestaba y ella no le daba bola. Lo peor es que sabía dónde ella vivía, porque unas amigas la acompañaron hasta una cuadra antes de su casa y él la esperó en la esquina. Depravado total.
No son tiempos para confiar en nadie, y menos en las madrugadas de los fines de semana.
Qué futuro te espera hija mía?

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jueves, 6 de diciembre de 2007

La araña

Por la tarde me puse a ordenar la ropa que había lavado. Subí y bajé las escaleras como tres veces y no me di cuenta. Pero la cuarta vez antes de pisar el primer escalón para bajar la vi: una araña de aproximadamente 6 cm de diámetro, peluda, manchada, enorme! Aunque nunca me hayan hecho nada les tengo terror, me imagino que me van a saltar encima.
Dicen que las grandes son inofensivas, que las pequeñas son las más peligrosas. Para mí son todas iguales pero las más grandes me causan peor impresión.
Ahí quedé en el primer escalón mirándola, no me animaba a saltarla para bajar, pero mi hija estaba abajo y no me podía quedar arriba. Me acordé que tenía un spray de veneno en la pieza, lo fui a buscar y le eché un poquito. Se cayó de ese escalón y ya no la vi más, solo podía imaginarme donde estaba. Tomé coraje y salté como cuatro escalones juntos y desde el descanso de la escalera miré otra vez. Estaba paradita en el borde del escalón como atontada, si yo seguía bajando corría el riesgo de que se me cayera encima, con lo cual no me moví por unos minutos evaluando qué me convenía hacer.
Desenrollé la toalla que tenía en la cabeza y me cubrí el costado del cuerpo que quedaba del lado de la araña por si "me saltaba encima". En cuanto ella hizo un movimiento hacia el otro lado bajé corriendo, volví a echarle veneno y no me acerqué más a la escalera.
Mi marido llegó dos horas más tarde y le dije que fuera a ver si la encontraba. En efecto lo hizo, estaba muerta en la puerta de la habitación de mi hija, es decir, había subido cuatro escalones y caminado dos metros más. Qué resistencia!
No fue la primera vez que vi una araña así en la escalera (no sé por qué siempre están por ahí), pero sí la primera vez que maté una. Odio hacerlo. Si por mí fuera las metería en un recipiente y las tiraría lejos.

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lunes, 3 de diciembre de 2007

Incidente aéreo - I

Como te mencioné en uno de los posts sobre ataques de pánico, viví un incidente aéreo muy decisivo dos años antes de que aquellos comenzaran, el cual provocó principalmente que mis miedos tomaran envión.
Resulta que fui a visitar unos días a mi amiga, sola. Más allá de que me caí de la bici una semana después de haber llegado y me ligué tres puntos en una rodilla (Dios bendiga al seguro de viajero), fue un viaje bárbaro, disfruté y descansé a lo loco luego de haber vivido jornadas muy estresantes en el trabajo.
Tenía reservado un vuelo con escalas, pero a último momento uno se canceló y me dieron un vale para cambiar en otra aerolínea. Fui a United y me dieron un boleto con un horario más conveniente así que me quedé contenta. Para qué.
El primer vuelo todo bien. Hice el cambio de avión y en el momento del despegue, PAF, se oye (incluso algunos vieron llamas en la turbina) una explosión del lado derecho (yo iba en el izquierdo), el avión comienza a moverse (sin desviarse de su rumbo ascendente) como temblando, las luces parpadean, y yo me imagino lo peor.
Sabés lo que es estar solo en un avión y que te pase eso? Para mí fue horrible, me encontré de repente en una aeronave llena de gente pero sola, sin saber si iba a salir viva de la experiencia. Al lado mío estaba sentado un nene de aproximadamente 8 años, paralizado como yo. Sus padres estaban sentados juntos más atrás. En un momento vino el padre y cambiaron lugares. Yo también quería estar con mi mamá! Hasta que se oyó la voz del piloto explicando lo sucedido en lo único que yo pensaba era en la palabra NO. "Esto no me puede estar pasando a mí, esto solo pasa en las pelis, no quiero que me esté pasando, no puedo creer que esté a punto de volar por el aire, no, no, quiero salir corriendo y pisar tierra firme".
Eso fue todo, subimos un poco más y el avión se estabilizó con una sola turbina funcionando. Se supone que es suficiente, pero yo pensaba en lo que pasaría si esa también fallaba. Estuvimos sobrevolando el aeropuerto cerca de una hora creo, para mí fueron años, vaciando los tanques de combustible para poder bajar.
Volvimos y nos alojaron en un hotel cerca del aeropuerto durante unas horas a la espera de un nuevo vuelo. Nos dieron una tarjeta telefonica de USD 20 y llamé a mi amiga para avisarle, estaba dormida y no entendía nada de nada.
No pegué un ojo en todo el tiempo que estuve ahí pensando en el próximo vuelo, el cual fue excelente por cierto.
Aterrizar en Ezeiza fue lo más lindo que me pasó ese año. Y que mi papá me estuviera esperando en el aeropuerto también.
Al día siguiente fui a trabajar. Al subir al ascensor me encontré con uno de los gerentes, que iba conversando con otra persona comentando el incidente. Cuando la otra persona bajó y se cerró la puerta le dije: "En ese avión venía yo". CHAN.

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martes, 9 de octubre de 2007

Viajar a dedo

Cuando yo tenía quince o dieciséis años, a mi mamá se le cantó viajar a una ciudad cercana (40 km) a dedo. No recuerdo bien el motivo, tal vez el auto estuviera averiado o en poder de mi papá. Tampoco era por falta de dinero. Ahora no puedo ver claramente la razón pero en aquel momento me pareció una buena idea y la acompañé gustosa. Hoy en día no voy ni a palos, salvo si supiera que se repetiría la experiencia.
No sé de qué forma nos fuimos a la ruta, nos paramos en la banquina en una zona cercana al ingreso al pueblo donde mamá comenzó a hacer señas a los camiones que pasaban. No estábamos solas, había dos o tres hombres más paraditos ahí que nos miraban con curiosidad.
A los dos o tres minutos paró un camión Scania enorme perteneciente a una empresa que fabricaba harina envasada, flanes y bizcochuelos en polvo. El conductor marcó el número dos con su mano y los hombres nos dijeron que subiéramos nosotras, que llevaría dos personas. Nos miramos y hacia allá fuimos.
La cabina era divina, bien limpia, con aire acondicionado y con asientos bien cómodos. El conductor muy simpático, canoso y de ojos celestes, tendría unos cuarenta y cinco años en aquel momento. Nos contó de sus eternos viajes por el Chaco, Santiago, Misiones. Tenía esposa y dos hijos, quienes lo acompañaban de vez en cuando.
Así llegamos a destino y nos dejó en la ruta. "Y ahora cómo vamos al centro?". Eran unos 6 km más. "Hagamos dedo de vuelta, total...", dijo mamá. Al minuto paró un auto y nos levantó. Palabra va, palabra viene, llegamos sanas y salvas y por qué no un poco tentadas por lo que habíamos hecho.
Más tarde regresamos a casa en colectivo porque ya no era hora de hacer dedo.
Y nunca más hicimos dedo.
Así era mi mamá.

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viernes, 5 de octubre de 2007

Zig Zag

Recién, escuchando a Hanglin me acordé de esto.
Ya te conté que cuando tenía quince años tenía novio (el tercero). Una noche de aquellas, luego de ir a tomar algo, vino una amiga mía a dormir a mi casa: un programón.
Como a cada una nos acompañaba la pareja respectiva, nos separamos un rato y luego nos encontramos los cuatro en la puerta de mi casa. Estuvimos charlando un rato largo y cuando nosotras entramos los chicos se fueron. Esperamos un ratito adentro y después salimos para mirarlos irse, para ver qué hacían, no sé qué esperábamos.
Ellos ya iban por la esquina (aproximadamente a 100 metros de distancia) y no me acuerdo si nos vieron. Pero lo que vimos nosotras nos tomó totalmente por sorpresa. Habían pillado mientras se iban caminando y a lo largo de dos veredas quedaba la marca del pichí dibujada, en forma de zigzag. Unos locos bárbaros.

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miércoles, 26 de septiembre de 2007

En raudo vuelo

Hoy me puse a imprimir sobres con el logo de la empresa en otra pc que está conectada a una impresora color. Tardé bastante pero logré imprimir unos cuarenta. Volví contenta a la oficina para mostrarle a Sisi y de repente lo ví: estaban todos con el logo al revés. CHAN.
Mi jefe me dijo que liquide unos sueldos con el valor del salario mínimo vital y móvil vigente. Para el que no está en tema, el SMVM aumentó en agosto y volverá a aumentar en octubre y diciembre . Liquidé agosto y todo salió bien. Cuando fui a revisar todo unos días después lo ví: no puse el valor de agosto sino el de diciembre. CHAN. CHAN.
Espero NO VER nada más esta semana.
Hace tiempo que vivo en las nubes y ya es tiempo de ir bajando.

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martes, 18 de septiembre de 2007

Mis andanzas

Ayer fui nuevamente a la C.A.B.A., como la rebautizaron desde el Gobierno de la Ciudad, pero esta vez a un curso de capacitación que duró medio día. Todo muy lindo, salvo una de las asistentes, quien se pasó el tiempo hablando, incluso interrumpiendo y corrigiendo a la profesora. Si otro asistente hacía una pregunta, esta señorita le contestaba directamente sin darse cuenta de lo desubicada que quedaba. En honor a la verdad, sabía de todo. Es más, no sé para qué corno fue, no creo que haya aprendido nada.
Estos Figurettis me colman la paciencia. Uno siente vergüenza ajena porque están todo el tiempo haciendo papelones. Qué necesidad tienen de demostrar su nivel de conocimientos desde ese lugar? Es una falta de respeto hacia el profesor y hacia los demás alumnos. Cómo le vas a decir “por favor, te podés callar para que hable la profesora”? Así estarías haciendo el papelón vos, en fin.
Después deambulé por lugares varios, estuve buscando una lámpara colgante para un dormitorio pero ninguna me convenció. Traté de recordar algún negocio de esos que quedara cerca del trayecto pero mi memoria los bloqueó. Así que me fui al Burger King de Santa Fe y Ecuador y me tragué un Whopper.
Cuando volvía a buscar a mi marido para regresar a casa me encontré con un lío de tránsito en Santa Fe lo cual me obligó a ir haciendo zig-zag por las calles más liberadas para no toparnos con la galleta de la hora pico. Más tarde, ya en la ruta, comenzó a llover, y yo agradecí estar llegando a casa.
Hoy por la mañana, vino la niñera y nos fuimos a trabajar como todos los días. Más tarde me entero de que llamaron a casa diciendo que me tenían secuestrada. No te asustes, se trató simplemente de un secuestro “virtual”, pero la pobre niñera no sabía si creer o no. Obviamente le pidieron dinero, le dijeron que subiera al dormitorio y buscara una caja en la cómoda. Ella pedía hablar conmigo pero le decían que yo estaba amordazada y encapuchada y que les estaba dando esas instrucciones. Desde ya que mi dormitorio está arriba y tiene cómoda, por eso ella dudaba, pero no existe tal caja con dinero.
Después me enteré de que hubo otros casos en el pueblo y pude distinguir cómo es la secuencia en el diálogo de estos avivados (los cuales probablemente son presos). Primero dicen que hablan de la comisaría, que hubo un accidente con X cantidad de personas heridas, que una de ellas vive ahí, una mujer de pelo largo castaño, varias generalidades para que el interlocutor pique el anzuelo. Preguntan si tiene auto, color, modelo, etc. En cuanto se confirma algún dato te dicen que tienen a tal persona secuestrada, que busques dinero y que vayas a un locutorio. Si esto falla te piden que compres tarjetas telefónicas y que les pases el número. Por lo tanto, si recibís un llamado de una comisaría, COLGA. Y punto. Es muy probable que no insistan.
Y si hubo un accidente, de todas formas te vas a enterar.
No me digan que mi vida no es interesante!!

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miércoles, 5 de septiembre de 2007

Bochornete

Una vez, en el cumpleaños de un ahijado de mi papá, había dos matrimonios jóvenes. Uno de ellos tenía una nena y el otro tenía mellizas, las mellizas unos dos años más chicas que la nena. Yo los conocía a todos de antes, desde ya, en este pueblo somos pocos y nos vemos todos los días, pero era la primera vez que veía a las mellis.
Estuvimos charlando bastante, ellos contaban anécdotas de la crianza de los hijos y yo prestaba atención. Al terminar la fiesta cada uno se fue por su lado.
En esa época yo estudiaba en Buenos Aires y no venía muy seguido, por ese motivo mi memoria fallaba bastante en lo que a asuntos locales se refería.
Dos años más tarde hubo una reunión de ex alumnos en mi colegio a la cual asistió la madre de la nena (B). Era un lío bárbaro de gente saludándose, riéndose, recorriendo las instalaciones y demás. Ver caras que una había olvidado refrescaba recuerdos y éstos se mezclaban con las vivencias actuales formando una especie de madeja enredada dentro de mi cabeza.
De pronto con mi grupo de amigas nos acercamos al grupo de amigas de B y nos pusimos a charlar de todo un poco. Que cómo andás, que dónde estás, tenés novio, las lenguas no daban abasto… Y yo le digo: “B, tanto tiempo…Vos tenías mellizas, no?” Y ella con voz suave y calma me contesta: “No, yo perdí mellizas”…”GLUP”. Ese momento fue para mí El PAPELON, lo único que se me cruzaba por la mente era TRAGAME TIERRA. Mmmmmmm, “Tenés razón, perdoname, vos tenés una nena”. Una de mis amigas que escuchaba el diálogo tuvo que sostenerse la mandíbula para que no se le cayera... Yo quería explicarle que me había confundido con el otro matrimonio, aunque yo sabía lo de la pérdida de su embarazo y me había olvidado. Pero qué más le podía decir, si intentaba aclarar algo terminaría oscureciendo. De eso no me olvido más, podés estar seguro.

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miércoles, 29 de agosto de 2007

Soronguitos

Debo ser la única persona que pisó un sorete dos veces en el mismo momento y lugar. La única que tuvo tan grata experiencia.
Como siempre salí de mi trabajo a las 17, ascensor, calle Paunero, enfilando hacia la placita Las Heras. Ya contaba con cierta antigüedad, con lo cual la gente de la cuadra me tenía vista (supongo).
Apuré el paso porque tenía que llegar a la facu.
Al llegar a la vereda de la veterinaria (cómo no vi semejante elemento) pisé algo blandito y (*) mi pie resbaló hacia delante, con la inercia subió y me fui hacia abajo. Como cuando en los dibujitos alguien se resbala con la cáscara de banana. Afortunadamente logré apoyar las manos y luego los pies, formando una especie de mesita con la panza para arriba.
Haciendo lo posible por esquivar el sorongo que yacía debajo, traté de pararme apoyando un talón, con tanta mala suerte que lo volví a pisar y repetí desde (*). Leerlo lleva un momento, en tiempo real sucedió en una milésima de segundo, mientras yo intentaba pasar lo más desapercibida posible. Miré hacia los cuatro costados cual Terminator buscando a Sarah Connor y no vi a nadie. Qué alivio!
Igual me enojé con el sorongo, me di vuelta y le dije unos cuantos insultos, como si fuera un ser viviente, qué se yo lo que cruzó mi mente luego de semejante papelón. Avergonzada, cachetes colorados, sudor frío por la espalda, seguí mi camino, doblé la esquina y continué como si nunca hubiese pasado nada.
Pero esto sucedió hace más de doce años y todavía no lo olvidé.

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jueves, 9 de agosto de 2007

Cita a ciegas (con semáforo incluido)

Hace algunos años, después de un largo tiempo de “soltería”, decidí tomar el toro por las astas y preguntar a mis amigos si tenían alguna persona para presentarme, alguien “soltero” que quisiera salir conmigo a tomar algo en otras palabras. Un matrimonio amigo del trabajo se prendió y le pasó mi teléfono a un amigo (luz verde). Resulta que este pibe era amigo de mi amigo desde hacía tiempo, habían cursado juntos Ingeniería en la UTN y el posgrado en el CEMA y habían recorrido el sur argentino con un grupo de amigos durante un mes (luz verde), entre otras cosas. Según mi amiga era un poco mujeriego, o bien no quería compromisos (luz roja).
Días después me dejó un mensaje en casa y la voz me encantó (luz verde). Yo lo llamé luego y quedamos en salir una noche a cenar por el Bs.As.Design. Estaba bastante ilusionada, quería conocerlo y saber más de él, pintaba como un buen candidato. No digo tener una relación seria de entrada, aunque sí aspiraba a cierta continuidad.
Cuando llegó el momento no encontraba ropa que ponerme, me sentía muy insegura, con una especie de arrepentimiento “por qué me metí en esto?”, me daba no se qué quedar mal con mi amigo. Y sonó el timbre y salí nomás.
El pibe era bastante lindo físicamente (luz verde), su conversación era entretenida, no era para nada hueco (otra luz verde). Me llevó a un restaurant ni muy caro ni muy barato, con onda (luz verde).
La charla fue amable y todo pero yo me daba cuenta de que algo no iba (luz amarilla). No sé explicarlo con palabras, sin embargo yo sentía que no le interesaba en absoluto, como una desilusión contenida, como una sensación de estar perdiendo el tiempo con alguien que me interesaba pero que no sentía ni un ápice de atracción por mí (luz amarilla).
En un momento me dijo: “Voy al water y vengo” (luz amarilla). Se fue por detrás de mí y no volvió por un rato laaaargo. Para mí fue una eternidad (luz roja). No sabía si mirar para atrás o irme o disimular, qué situación horrible. Un golpe bajo a mi autoestima, eso fue, no sé qué me imaginé que pasaría, pero nunca semejante gesto de mala educación. Desapareció.
Cuando volvió me dijo que se había encontrado con un amigo en otra mesa y que se había quedado charlando un rato (luz recontraroja). "Imbécil, qué te creés que soy, un florero? Llevame a casa", pensaba yo.
Fingí un rato más que estaba todo bien hasta que nos fuimos. Subimos al auto y me depositó en la puerta de mi casa diciendo: “Nos hablamos” (luz recontraroja), “Dale”, dije yo. Besito en la mejilla de compromiso y cada uno por su lado.
Al final creo que coincidimos en algo: la cita terminó con ambos maldiciendo a nuestro amigo por lo bajo.

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jueves, 2 de agosto de 2007

Andy y sus dientes partidos

Mi infancia transcurrió muy felizmente en un pueblito del interior de la provincia de Buenos Aires. Se podía jugar en la calle sin problemas, a cualquier hora. Yo prefería la bici y los patines, aunque trepar árboles era mi pasatiempo favorito: primero los observaba y calculaba por donde subir mas fácil y rápidamente, después me trepaba y me quedaba arriba jugando por un rato.
Siempre hubo perras en mi casa, y yo compartía con ellas muchos de mis juegos. Un día se nos ocurrió a mi compañera de andanzas (Andy) y a mí, que podíamos utilizar una de las perras como caballito de tiro. Nos calzamos los patines y le atamos una soga del collar. Preparamos un palito con un pedacito de carne y, como en los dibujitos, se lo pusimos adelante para que corriera con alguna de nosotras aferrada a la soga por detrás. Era muy divertido para la perra y para nosotras, con toda la calle libre para acelerar.
En una de las tantas carreras, a Andy se le trabó una ruedita de patín en uno de los agujeritos del asfalto, con tanta mala suerte que cayó de boca al piso y se quebró los dos dientes de arriba. Así, en un segundo, paf!, perdió la mitad de ambos. Cuando se dio cuenta salió corriendo para su casa, llorando desesperada. Yo me quede ahí con la perra sin saber que hacer, como estatua. No podía creer lo que le había pasado. Despacito me acerqué al asfalto y junte las dos mitades de dientes, las guarde hasta el otro día y se las devolví un poco avergonzada.
Desde ese día luce dos fundas y una sonrisa que las trata de esconder.

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