miércoles, 19 de septiembre de 2007

Historia amorosa - II

El número tres fue el primero que figuró en casa como “novio”. Era de un pueblo vecino pero yo lo conocía desde chica porque era amigo del primo de una de mis amiguitas y lo había visto dos o tres veces en casa de ella cuando tenía nueve o diez años.
Esa noche yo estaba charlando con una amiga en el boliche cuando de repente él se acercó y me sacó a bailar. La sorpresa fue mía porque mi amiga, según mi distorsionado criterio, era mucho más llamativa que yo, estaba más buena que yo, era más simpática que yo, etcétera. Después él me contó que en ese momento sacó a la primera que tuvo enfrente, no es que estuvo eligiendo, ni que me reconoció, ni nada por el estilo. Bailamos y después me acompañó a casa, para ese momento ya nos habíamos reconocido. A mí me gustó y le di un besito de despedida con una ligera caricia. Muy desinhibida para mi normal proceder. Tené en cuenta que yo no tomaba ni tomo alcohol, por lo cual mis acciones no son fruto de ningún estimulante de ese tipo. Pero bueno, a la vergüenza la sentí más tarde, al recordar lo que había hecho.
El siguió viniendo con amigos a bailar los fines de semana y así se desarrollaba nuestra relación. El problema era que yo tenía quince años y me gustaba también otro chico, quería tener novio pero a la vez no quería tener novio. Fueron días muy confusos, lo único que nos importaba a mis amigas y a mí era la pilcha, salir, divertirnos, conocer gente, comer y dormir.
Con él nos divertíamos bastante, sin embargo no era suficiente para mí. Solamente nos dimos besos y abrazos durante unos seis meses y al final yo le dije que no quería ser más su novia. El estaba en la misma onda que yo por lo cual supongo que no le afectó demasiado. Con el tiempo nos volvimos a encontrar varias veces, en diferentes fiestas y bares, a veces el que tenía novia era él, otras yo, pero no dejamos de saludarnos.
Incluso cursamos juntos una materia del CBC. Imaginate: cuatro meses viéndonos cada tres días…A veces, cuando se ponía un poco denso el ambiente, yo me hacía la tonta y seguía como si nada. Una tarde fuimos al cine y luego vino a casa a tomar unos mates. Como yo vivía con mi amiga y se quedó charlando con nosotras hasta tarde. En ese momento yo pensé: “Con este pibe no quiero salir más a ningún lado, ya está”.
Las vueltas de la vida hicieron que mi jefe me regalara unas entradas para ir al teatro con mi compañero de trabajo y su esposa. Cuando me preguntó si iba sola le dije que no, aunque no tenía a quien invitar. Se me ocurrió llamarlo a él y aceptó. Durante la “velada” estuvo un tanto denso pero igual nos divertimos. Me acompañó a casa y bue…Los dos solos…No hay mucho más que contar. Creo que otra vez la que tomó la iniciativa fue quien escribe.
Pasamos la noche juntos, aunque las relaciones íntimas todavía no formaban parte de mi vida, y tampoco yo tenía la intención de debutar con él. Nos volvimos a ver algunas veces pero mucha bolilla no me daba, por lo cual un día le dije que así no me gustaba estar con él y que prefería que no nos viéramos más.
De nuevo supongo que ninguno de los dos salió lastimado de la relación, porque no era tal. En la balanza creo que pesaba más la amistad que el amor.
Años después se casó y volvió a su pueblo, pero hoy en día no sé qué es de su vida. Si lo encuentro por ahí lo saludo seguro.

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2 comentarios:

A las 20 de septiembre de 2007, 8:17 , Blogger El Analista ha dicho...

Es como un discurrir sereno, en ese aspecto mi vida fue in poquito mas..., como decir, vertiginosa, eso, vertiginosa.

 
A las 20 de septiembre de 2007, 10:35 , Blogger | Perla | ha dicho...

Analista,
No se impaciente, todavía falta lo mejor. Es más, el cuarto me cambió la vida.

 

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