viernes, 10 de agosto de 2007

Beethoven o planchar con onda

Me gusta hacer las tareas domésticas por mí misma y mantener mi casa siempre limpia y prolija, cosa que no siempre logro. Cuando vivía en Buenos Aires todo era mucho más fácil porque el departamento era más pequeño y no tenía a mi hija aún.
Siempre odié planchar. Es algo que me aburre terriblemente, no me sale bien, siempre se me mancha la superficie de la plancha, aunque sea seca o de vapor. En verano me da calor, en invierno me da fiaca, no se puede tomar mate ni mirar tele a la vez. Por lo tanto, hace tiempo determiné que en mi casa no se plancha nada más que “lo indispensable”: ni sábanas ni toallas ni jeans ni remeras, por citar algunos ítems.
Desde que me casé, las camisas de mi marido pasaron a ser “lo indispensable”. No hay manera de zafar porque para trabajar las tiene que usar y deben estar impecables. Todos sabemos como queda una camisa después de un buen lavado en lavarropas: hecha bolsa.
Ante lo inevitable yo encontré mi forma de hacer del planchado una tarea tolerable, escuchar mientras tanto la novena sinfonía de Beethoven. No pidan explicaciones, sencillamente pongo ese cd y agarro la plancha con buena predisposición. Bueno, en realidad, nunca planché más de tres o cuatro camisas por tanda, pero lo hice con buena onda.

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2 comentarios:

A las 10 de agosto de 2007, 14:24 , Blogger El Analista ha dicho...

Soy informatico, administro sistemas en una empresa de emergencias medicas, eso me permite trabajar con cierta libertad de indumentaria,lease camisas que no necesiten plancharse. El año pasado compre mi primer plancha, aun no la he estrenado.

 
A las 10 de agosto de 2007, 16:18 , Blogger | Perla | ha dicho...

En ese caso yo ni la hubiera comprado, ni eso!

 

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