miércoles, 12 de diciembre de 2007

Historia amorosa - IV

Sigo con el cuarto.
La historia en común comenzó en invierno, en el boliche (ya te aclaré que no me acuerdo cuándo lo conocí, pero sí me acuerdo del primer flash). En aquella época no estaba de moda bailar si no era con pareja, sin embargo con dos amigas salimos solas igual. Luego de un rato apareció él con dos amigos y se pusieron a bailar con nosotras, por alguna razón él conmigo. Quién sabe qué le pasaría o qué no le pasaría.
Así estuvimos un rato, de vez en cuando hablábamos pavadas y nada más. Cuando se prendían las luces negras y el DJ ponía ciertas canciones ya sabíamos que lo próximo eran los lentos, y en ese momento me puse a pensar si seguía bailando con él o me iba de la pista. Por un lado quería y por otro no, me daba cuenta de que me podía llegar a enamorar mal, qué se yo, uno no siempre tiene tan claros los sentimientos. Sí me daba cuenta de que algo me decía que siguiera bailando. Nunca supe lo que pensaba él en ese preciso instante, si tal vez se estuviera arrepintiendo de estar ahí.
Seguimos bailando (los lentos) y yo me iba acomodando, imaginate que con él tenía toda la confianza del mundo. El también se acomodaba, estaba bueno ver que no se alejaba de mí, como habría hecho si no hubiese tenido interés supongo. Tiempo después me contó que algunos amigos le hacían señas porque veían que estábamos bastante cerca. Pero todo quedó ahí, no hicimos nada más.
Cuando terminó la tanda nos fuimos de la pista y nos quedamos charlando entre la gente, no sé si él se pidió alguna bebida o algo así. En un momento vino una amiga mía y seguimos charlando, y más tarde decidí irme y él me acompañó a casa. Luego se fue.
No había pasado nada pero mi sangre hervía esa noche. Cómo podía ser que me estuviera enganchando con él por favor!! Eran sentimientos muy poderosos realmente, y cuanto más me resistía más parecían dominarme.
Así siguió todo, bailábamos y me acompañaba. Los días eran cada vez más largos si no lo veía y se iluminaban apenas él aparecía en mi campo de visión. Una noche tuvimos un cumpleaños de quince y él se sentó en la mesa al lado mío. Todo cerraba, en algún momento algo iba a pasar.
Tal vez haya sido un mes más tarde, no recuerdo bien.
Mientras íbamos para mi casa me pasó un brazo sobre un hombro y seguimos caminando como dos cuadras más. En una esquina oscura me dio un beso, tan suave, tan corto y tan lindo. En ese momento desperté, al fin todo estaba claro en mi vida, así que eso era la felicidad, ese amor inmenso que te llena el alma, que te recorre las venas y te hace llenar los ojos de lágrimas solamente por sentirlo, y que al ser tan grande quiere salir de vos hacia los demás. Esa noche fue una noche de besos inolvidables y sonrisas, no hubo lugar para nada más en mi mente, las horas volaron y nosotros también. Es difícil de explicar, fue como si nos hubiéramos ido de este mundo por unas horas y no pudiéramos volver, o no quisiéramos. Más tarde, en algún momento me acompañó a casa y ya nunca más se fue de mi mente.

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2 comentarios:

A las 15 de diciembre de 2007, 2:45 , Blogger El Analista ha dicho...

Que linda historia y sobre todo llena de inocencia, ya no se ve eso.

 
A las 18 de diciembre de 2007, 9:07 , Blogger | Perla | ha dicho...

Bueno, las cosas eran bastante diferente hace algunos años, yo era adolescente!

 

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