viernes, 24 de agosto de 2007

Mary, Mary, quite contrary.

Amiga, no recuerdo cuando te conocí. Creo que mi primer recuerdo se remonta a las épocas de salita celeste, donde con cuatro añitos charlábamos tomando mate cocido sentaditas con todos los demás. Como vivías en el campo faltabas de vez en cuando, aunque eso no afectó nuestra afinidad.
Durante los años de la primaria seguimos juntas, ya no vivías en el campo durante el año lectivo, pero sí durante los veranos. Allá iba yo con mi mochilita a pasar una o dos semanas, feliz. Compartíamos los días calurosos con tu familia, la cual con el tiempo fue como mi familia también. No solamente tus padres y hermanos, también tus abuelos, tíos, primos y primos segundos. Eran días de aire libre, agua pura, árboles sanos y enormes, arroyitos, caballos, perros, gallinas, nutrias, ovejas, cerdos, frutas y verduras al alcance de la mano, almuerzos y cenas preparados entre todos y cocinados en la cocina económica. Cuánto calor, cómo odiábamos la siesta que tu mamá nos obligaba a hacer y que calladitos aceptábamos.
Llegó la adolescencia y seguimos juntas, como siempre. Lo único que no compartíamos demasiado era el gusto por el deporte, a vos te iba muy bien y por mi no daban ni dos pesos. Igual eso a nosotras nunca nos importó. Asaltos, boliches, muchachitos por acá y allá, viajes a Buenos Aires solas a quedarnos en casa de mi abuela, despreocupadas.
Nos íbamos perfilando: vos, la simpática y charlatana; yo la tímida y reservada. El mate era nuestro compañero en los momentos de diálogo.
El viaje a Inglaterra y España, juntas de nuevo. Un mes de aventuras en el viejo mundo nos unió aún más.
Llegó el momento de mudarse a la Capital y comenzar la Universidad. El primer año vivimos juntas, el segundo vino tu hermano y te mudaste con él. Cosas sin importancia.
Conseguimos nuestro primer trabajito, nuestros primeros pesos. Mientras yo ahorraba la mitad de mi sueldo, vos gastabas el doble del tuyo. No me podías explicar en qué gastabas tanta plata (a mi criterio)!!
Seguimos progresando y te hicieron la propuesta del viaje a EEUU. Qué alegía, al fin tus esfuerzos daban sus frutos. Y yo de paso te visitaría aprovechando la oportunidad.
Ah, el amor también te llegó, y te retuvo.
Nos vemos dos o tres veces por año cuando venís por estos lares. Pero no es lo mismo estar con vos tironeada de los cuatro costados por los parientes que te quieren disfrutar; no es lo mismo por más que querramos que sí.
Tu vida cambia, crece, gira, va y viene. Y yo acá pienso que me voy hundiendo un poco cada día, pero lucho, sigo adelante, comparto mi vida con otras amigas que quedan, sabiendo que ninguna podrá llenar este vacío gigante que dejaste.

Mary Mary quite contrary,
How does your garden grow?
With silver bells and cockle shells
And pretty maids all in a row

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